Rafael Cadenas vence Prémio Reina Sofia de Poesia Ibero-americana 2018

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A Casa da América Latina felicita o poeta venezuelano Rafael Cadenas pela sua distinção com o Prémio Reina Sofia de Poesia Ibero-americana 2018.

Esta é a condecoração mais importante da poesia ibero-americana, que distingue o conjunto da obra poética de um autor vivo, selecionado por um júri composto por personalidades da narrativa, poesia, cátedra e crítica literária. O júri do prémio foi presidido por Alfredo Pérez de Armiñán y de la Serna, presidente do Património Nacional, e Rivero Ortega, reitor da Universidade de Salamanca.

Caracterizado pela sua humildade e rebeldia, Rafael Cadenas é um dos autores fundamentais da poesia latino-americana dos últimos anos. Nasceu em Barquisimeto (Venezuela), em 1930. Como jovem comunista, exilado na ilha de Trinidad, escreveu o livro de poemas “Cantos Iniciales” (1946). Em 1958 publicou o poemário “La Isla” e um dos seus livros-chave, “Los Cadernos del Destierro”. Em 1966, em depressão profunda, publicou “Falsas Maniobras”, que inclui um dos seus poemas mais famosos, “Derrota”. Foi poeta, ensaísta e professor universitário, tendo formado parte do grupo Tabla Redonda, no início da década de 60.   Recebeu, em 1985, o Prémio Nacional de Literatura da Venezuela, e, em 2009, o Prémio FIL de Literatura, em Guadalajara (México).

O Prémio Reina Sofía de Poesia Ibero-americana, da responsabilidade do Património Nacional e da Universidade de Salamanca, foi atribuído, em edições prévias, à poeta salvadorenha-nicaraguense Claribel Alegría (2017), ao espanhol Antonio Colinas (2016), à uruguaia Ida Vitale (2015), à espanhola María Victoria Atencia (2014), ao português Nuno Júdice (2013), entre outros.

 

Ars Poética

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Nuevo Mundo

   1

He quemado las fórmulas. Dejé de hacer exorcismos. Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado. Hálito de fogata en mis narices, mi idioma desintegrado, la sombra todavía húmeda de un sortilegio. Como vena de agua en la oscuridad otra vida avanza. Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para vivir en otra articulación.

2

Papeles del amanecer. Siempre hablan de la patria adoptiva, la que me ha dado. Hojas amontonadas como para una ceremonia. Sacrificio a un dios de ébano.

3

Esas escrituras invariables.

Siempre regreso al mismo idioma. Un cuero embrujado de animal.
Inatrapable, pero presente como la vida de un antepasado.

Tejido sobre el tejido, la lengua muerta del amor, fuego que me ha hecho
adicto a un culto insinuante.

4

El amanecer no me devuelve el amuleto perdido. Desde una playa un
anciano hace señales. Trato de regresar a los pozos, pero no sé el camino.

5

Entra mi sombra
Trae una serpiente, un búfalo, una mujer, una casa,
un muelle.
Intoxicación de cobres salvajes.
Avanza, avanza.
Droga.
Se apodera de lo que miro.
Va marcando aquí y allá, todo.
Luego huye para unirse a un animal.

Se pierde entre las hojas como un ave.

6

Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen
menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no
nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos.

¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos?
Al fondo un rey enfermo me ve partir.